El Huarachito del minibusero.


Salsifi.
Junio 28, 2007, 5:42 pm
Archivado en: Chachografías, Güarrez del día.

Ayer, tras haber tragado un chingo de galletas, la Güera sólo viéndome me hizo saber con una mirada eres un tragón; luego preguntó:

- “Si fueras un carbohidrato, ¿qué serías?” Me puse a pensar en la respuesta un momento con los ojos dirigidos al techo.
- “Sería el chipote de alguna extremidad de un bolillo” Respondí satisfecho de mi pregunta, por que en verdad es mi parte favorita de los bolillos, además de que es a mi gusto, el mejor de los panes por que lo puedes hacer capirotada, mollete dulce o salado, lo usas para acompañar los chilaquiles, comerlo con un tamal dentro, untarle queso crema y mermelada, mojarlo con salsa, con frijoles de la olla o sopearlo con chocolate caliente.

- “Mmmm, y ¿si fueras un vegetal?
- “Una calabacita“. Después de vacilar ésa fue mi respuesta.

- “¿Y una fruta?
- “Una guayaba“. No dudé y respondí casi sin pensarlo.

En verdad (continuó) yo no te veo cara de calabacita, eres un Salsifi“. Nunca había oído antes de él, lo busqué y… ahora viviré con la idea de pensar que soy el equivalente a un camote, que debe vivir bajo la tierra… chale, pero dice que son muy ricos capeados. Tendré que probarlos.

¿Asà me imaginabas? ...



Historia en el Metro.

Sucedió que, habiendo salido temprano del trabajo, tenía una empresa en mente: dirigirme al Mixup a comprar la 8va temporada de Seinfield, por lo que acelerando el paso me dirigí velozmente al Metro Auditorio. El clima amenazaba con una lluvia para quedarse en casa y ver como corrían las gotas por el cristal de la ventana. Me sumergí al túnel de concreto y me ubiqué en espera de mi vagón. Había gente. Se dividió en dos el ingreso de la fracción de gusano de metal y saliendo algunos pasajeros, logré entrar.
Ahí estaba, un individuo con audífonos cual Jacobo Zabludowsky, que con cada partitura a tiempo real que llegaba a su cerebro, lo manifestaba en un virtuoso movimiento de manos, simulando el dominio del instrumento musical en juego.
De pronto, parecía que estuviera oyendo una sinfonía de Shubert, o un solo de jazz en piano, para terminar en un estruendoso final de percusiones, lo que me llegó a maravillar, era la misma pasión con la que disfrutaba el intervalo musical como la primera vez que le conocí. Así es, ya me había tocado en alguna ocasión, coincidir mi viaje de regreso con él, con los mismos audífonos y la misma pasión para externar al músico que llevaba dentro ¿o sería un músico?.
Hubo un intercambio de miradas, lo que me dio entender que había notado mi existencia y me permití adjudicarme el concierto para mí y no para el wey que se venía comiendo los mocos con delicada discreción, o la chica que venía llorando (para mi gusto, estaba experimentando una reciente ruptura de noviazgo); la cosa es que sin saber lo que venía oyendo, podía imaginar lo que oía, con la epiléptica interpretación pasional de éste David Helfgott en complejo tecleo del piano de aire caluroso.
Me empezó a dar un cierto dolor de estómago, ése mismo que las mujeres hacen referencia a que un enjambre de mariposas revolotean dentro de su bolsa gástrica como efervescencia de unas sales en agua. Sentía la necesidad de tener que preguntarle cualquier cosa, de hacerme táctil, de hacer eso que nunca hago: dar el primer paso. ¿Qué le iba a preguntar y cómo reaccionaría ante mi presencia? siempre he tenido un pedo con la confianza de sentirme lo suficientemente suficiente para cualquier wey e imagino que acabarán escupiéndome en la cara tras haberme sofocado y caerme al suelo mientras patean mis genitales diciendo: “pinche hígado cirrótico y con mal de Proteo, ¿creíste que te iba a hacer caso, tu tan popó de Woopi Goldberg?” y dando una última patada que me haga expulsar de mi boca una muela con sangre atada a un gemido de moribundo, terminaré en posición fetal mientras la gente transitoria del escenario donde pueda suceder esta recurrente pesadilla, simplemente me usará de tapete para limpiarse las eses fecales de perro y pasarán sobre mí haciéndome crujir las costillas o lo que quede de éllas… Pero ¿qué más daba? tenía que arriesgarme, todos los rechazos que he acumulado en vida no me hacen más fuerte, sino más masoquista.
Llegamos a Tacubaya. El camino para el transborde coincidimos en dirección paralela e íbamos hombro a hombro, ahora venía tocando el piano. Enmudecí y me hice pendejo sacando el iPod y me puse a oír a PJ Harvey:
Tie yourself to me No one else, no
You’re not rid of me
You’re not rid of me
Night and day I breathe
Hah hah ay hey

You’re not rid of me
Yeah you’re not rid of me
Yeah you’re not rid of me
Yeah you’re not rid of me
I beg you my darling
Don’t leave me
I’m hurting…
Pero no pude contra mi imaginación y me en vez de mariposas en el estómago, sólo sentí una parvada de cuervos como me desintegraban a picotasos el estómago y el jugo gástrico se venía campechaneado con mi sangre, haciéndome caminar más lento, y notar así como la velocidad se iba haciendo representativa y me llevaba ahora unos 5 cuerpos de ventaja. Volteaba para atrás buscándome. No podía volver a mi velocidad, toda mi acumulación de pensamientos me pesaban como la piedra al Pípila.
Entramos al vagón, encontré lugar y como siempre, volteé hacia la iconografía de la ruta rosa para contabilizar las ya sabidas estaciones y disimular mi atención. Se sentó en frente mío, quedando el hoyo negro de distancia del pasillo como separador entre nosotros. Pasaban las estaciones y se iba llenando el espacio de tripulantes que se dirigían a sus casas después de una jornada laboral que en sus caras, notaban fue intensa. Yo seguía buscando un pretexto en los dibujitos… en el chapulín de Chapultepec, o en el acueducto de Sevilla, o en la campana de Insurgentes, mi estación.
No me bajé, me tragué toda mi ponzoña y orgullo y mis testículos y mis absurdos temores y me puse una meta: bajar donde el baje y preguntarle “¿qué vienes escuchando?.
Cuahutémoc pasó… y me de pronto me asaltó la idea ¿y si llegamos hasta Pantitlán? qué hueva, ojalá no lleguemos tan lejos, por que no sé en verdad si podré abordarle con mi pregunta planeada y mi acento con el que lo haría para sonar jocoso, informal y natural.
Balderas. Se levantó guardando su libro y salió. Bajé inmediatamente azuzado con el sonido que indica que las puertas cerrarán en segundos. Llevaba unos 3 cuerpos de distancia y poniendo pausa lo alcancé de unos pasos.
Hola, oye pues te digo antes que mi bajada oficial fue Insurgentes, pero como es la segunda vez que te veo, tengo que preguntarte lo siguiente: ¿qué vienes escuchando que interpretas apasionadamente los instrumentos invisibles?Lo había hecho, le había preguntado, le había abordado y estaba poniendo duro el estómago para prever la respuesta en forma de puño que hundiera mi ombligo para hacerlo parecer una espinilla en mi espalda…
-”Jeje, vengo escuchando P_____ J______ ” que sólo pude entender Paul Johnson, de pronto volvió mi imaginación y no logré comprender como este escritor llegara a ser músico. “Y pues como no es tu bajada, ¿quieres te acompañe hasta la que verdaderamente es?
-”¿Tienes algo qué hacer, puedo invitarte a tomar algo?” respondí con esa pregunta.
-”Mmmm, pues vamos“. Había aceptado, y no me había pateado, ni escupido, ni vuelto a patear en el suelo haciendo conocer mi análoga realidad a la popó de Woopi. Tomamos de regreso el metro hacia Insurgentes y empezamos a platicar, luego fuimos al café y seguimos platicando. En algún momento de la plática cafetera le pregunté si no tenía pensado abordarme en algún momento, por que a mi me había costado un huevo y 7 octavas partes del otro.

La verdad no pensé cómo hubieras podido responder, pensé que me golpearías“…



Con todo el glam ochentero…
Junio 27, 2007, 12:13 am
Archivado en: De naco, a dios Baco., Eyaculaciones precoces.

Amo a Nancy Rubias, creo, tiene todo lo que los chafas de Moderatto querían hacer, pero en chido por que logran fusionar bien lo ochentero y el look está como con mucha ondita.
Sé que no es sano, pero convoco a que me regalen el disco y a cambio le haré al oportunista (por oportuna y favorable respuesta) una mmm cita-agradecida-con-nieve-de-chocochips como retribución al pepenaje público de mi parte.

jojo anden, anden…



Los diálogos del sueño.
Junio 27, 2007, 12:01 am
Archivado en: Historias de chachas, Pañalera.

Me encontraba en el camión, cabeceando por culpa del tráfico en Reforma. Necesitaba una distracción que me hiciera despertar del letargo que me aplastaba la visión y que sólo me dejaba ver grisáceo por el entrelazado de mis pestañas. Dentro de la unidad del transporte sólo de fondo lográbamos escuchar la estación de radio favorita del chofer en la que pasando unos segundos de canción de antaño, la víctima participante debía adivinarla en tres intentos, de lo contrario perdía el acumulado premio consistente en una plancha, una escoba, una estufa sin horno, un abanico eléctrico y lana en efectivola muy pendeja perdió, y yo estaba cada vez más hundido en la seducción térmica de los pedos de los pasajeros y Morfeo.
Ya hasta empezaba a tener oleadas de mini sueños, empezando que tras la búsqueda de un dragón, terminaba optando por comprar un póster de Diana Bracho… medio abría los ojos y seguía el camión en el mismo lugar, si acaso había avanzado unos 3 metros. El Neto me enseñaba su colección de boas selváticas y sus nuevos trucos aprendidos de esa mañana, “mira, ahora saben sumar y entre todas escriben la respuesta usando su cuerpo para dibujar el número; yo simplemente les grito la adición y éllas contestan: ¡5+7!” y las boas empezaban a formar la cifra numérica arrastrándose lentamente… volví a abrir los ojos y para mi desgracia una cuadra y media había sido el desplazamiento, notaba que el peatón lograba caminar más rápido que nosotros los burgueses del camión Km13 y definitivamente respiraban smog mañanero y no la torta de queso de puerco mezclada con perfumes Avón que lograba penetrar mis fosas nasales como jeringa de vacuna al brazo de un niño de 6 años. Doloroso pero imprescindible. Ahora me encontraba caminando en un desierto arrastrando del talón una cadena que en su extremo no atado al mío, llevaba una gran esfera de metal que me hacía imposible el avanzar con fluidez, gritaba pero no tenía respuesta, hasta que llegó una grulla plateada que me pedía indicaciones para llegar al mar, furibundo yo le reclamaba por qué mejor no se ofrecía a traerme una botella llena de agua, “pues sólo traigo este martini, y si no llego al mar se calentará y a Carlitos Espejel le gusta su bebida fría…
Cuasi desperté y la gran distancia era kilométrica para un caracol panteonero, pero a ojos de un humano se podía calcular a 100 metros. Desesperé y preferí poner una pausa a lo que venía oyendo en mis audífonos para lograr chismorrear una conversación entre mis dos queridas gordas sentadas frente a mi.

Gorda A: A algunos hombres que te conocen de vista, les gusta mucho como te vistes, pero tienes que ser menos exigente con los que te consigo.
Gorda B: Todos los hombres son unos imbéciles, siempre voltean a ver a las larguchonas y delgadas que se andan pirujeando cuando salgo con alguien.
Gorda A: Pues sí, pero por éso, tienes que dejarte ver más astuta. No hay wey que se resista a un agarrón de huevos.
Gorda B: ¿Pero y si no quiero coger?
Gorda A: Pues qué pendeja reina, por que no estás muy exquisita que digamos.
Gorda B: El día que estés flaca como un fideo, me lo vuelves a recordar.
Gorda A: A ver ¿quieres o no coger?
Gorda B: Quiero un novio…
Gorda A: Uta…

La reconstrucción del diálogo es lo más fidedigna que digamos, por que en verdad seguía jeteándome, pero en esencia es lo que dijeron.
Llegué a mi destino y creo que terminé concluyendo que necesito ser amigo de la gorda A



Efectos especiales.
Junio 21, 2007, 9:03 pm
Archivado en: De naco, a dios Baco., Güarrez del día.

¿The Matrix, Quién engañó a Roger Rabbit? posiblemente te serán familiares los esos nombres y más aún encontrar en tu memoria algunas imágenes que te evoquen una caída en cámara lenta en rotación mientras vemos la velocidad de unas balas contra un wey más hábil que los del circo chino de Pekín; o una voluptuosa damisela de vestido rosado que en su zoofilia ama un conejo, posee una linda pechotrampa oculta en sus sabrinióticas pelotas.
Pero ¿por qué obviar nuestros grandes adelantos tecnológicos dentro del ingenio de los mexicanos? esos aparecidos y desaparecidos tipo Capulina con sonidos metálicos, o esos laboratorios de foquitos del Santo y qué mejor ejemplo que las pastillas de Chiquitolina del Chapulín Colorado¡qué The Matrix ni qué efectos especiales de Terminatos 2!, México rulea y para muestra un botón: Don Enrique Guzmán con El rock de la cárcel.

Disfrútenlo.



El mesero.
Junio 21, 2007, 6:44 pm
Archivado en: Retazos de letras.

Me encontraba en la sección de fumadores, todo marchaba como tenía que marchar: ahumadamente sensacional. Cada bocanada, intentaba repetir la dona que de puro accidente logré sin haber meditado la postura de los labios y quijada. La gente marchaba con prisa a sus destinos y algunos se detenían a tomar aire o fuerzas sobre los artículos que venían cargando.
Tiré las cenizas dentro del cenicero desechable (que me había proporcionado la dependiente con pésimo gusto para vestir) con un movimiento de pulgar sobre la boquilla. Volví a practicar la dona, un fracaso más que no me lamenté por que el lugar ocupado por mí era el mejor del local. El viento soplaba de tal manera que algunos papeles intentaban volar como polluelos con constantes aterrizajes forzosos y de vez en cuando, alguna dama involuntariamente dejaba ver sus piernas si en el pequeño huracán, éste le alborotaba las faldas.
- ¿Gusta otra taza de café? me preguntó el mesero con cierta cortesía.
- Por favor. Acerqué con un pequeño arrastre sobre la mesa la taza vacía a la jarra que tenía el subalterno en mano. Le indiqué con una sonrisa el límite sobre el brebaje que estaba dispuesto a beber y agradecí con una reverencia sencilla el gesto.
A la hora de darse la vuelta sobre sus talones y darme la espalda, no pude dejar de sorprenderme sobre el tatuaje que tenía en la nuca, era una especie de cicatriz que resulta del rebane agresivo de carne con puñal dentro de riña callejera, amorfo en el levantamiento de piel, estaba tratando de ser disimulado con algunos motivos decorativos elaborados con distintas tintas. No pude evitar sacarle conversación al trabajador, moría de morbo para saber su historia.
- Disculpa, ¿cuánto tiempo tienes trabajando en este lugar?, es la primera vez que te veo. Reprobé mi forma de iniciar una conversación forzada, pero creía que ésta, era la mejor forma de hacerme ganar el tiempo de su atención.
- Salgo en 20 minutos más, ¿te gustaría acompañarme a una fiesta? sin titubear me hizo la invitación que me dejó sin habla, respondí afirmativo con repeticiones de movimiento de cabeza de arriba para abajo.
Pude ver como terminaba sus labores con eficiencia para con los demás comensales, quienes no dudaron en dejarle retribución voluntaria ante sus servicios. Con cierta dificultad se quitó el delantal que enrolló sin método y aventó en la gaveta ubicada abajo de la caja registradora y sacando de su bolso trasero de pantalón un cigarro lo encendió y empezó a exhalar el humo. Se acercó y con un movimiento de cabeza indicó que le siguiera. Caminamos sin hablar las primeras cuadras hasta que terminándose el pitillo, escupió la primera palabra después del silencio que me tenía extrañado sobremanera.
- Debo pedirte un favor, tiró la colilla lejos con extender como patada el anular sobre su pulgar. A la fiesta a la que vamos (continuó), en realidad es, un velorio del cual intentaré recuperar un anillo de la occisa, debo imaginar que con la pérdida de líquidos, alma y vida debió adelgazar las manos como para poder arrancarle la joya del dedo. Pero a esto no puedo hacerlo sólo y necesitaba ayuda de un extraño para hacerse pasar por mi prometido.
No podía creer lo que decía, primero íbamos a ir a un velorio, con lo que los aborrecía, los llantos, la ropa negra y el mal café que disponían a los presentes. Un plan macabro de hurto, a una que posiblemente fue una mujer a punto de ser feliz en vísperas de sus nupcias; y, por último la idea de hacerme pasar por su ¿”prometido”? no podía negar que el misterioso mesero de la aún más misteriosa cicatriz del cuello le encontrara atractivo y buen mozo, pero no era del tipo que pareciera de esa orientación sexual. Vacilé un poco antes de contestar, intentando encontrar las palabras correctas en el cielo.
- “Me halaga la invitación, pero no soy de las personas que gusten acciones que hagan sudar el adrenalina, como los jugos gástricos a la vez”.
- Todo lo tengo bien planeado, no tienes nada de qué preocuparte, tú sólo tienes que cubrirme cuando le corte el dedo para sacar la sortija. A lo que sacó del bolsillo del pantalón una navaja que cotejó visualmente para asegurarse que no tuviera ningún desperfecto para su próxima tarea.
Seguía yo sin poder refutar la invitación o salir corriendo, debo confesar que me entusiasmaba la idea loca. Me lograba visualizar como un saqueador de tumbas, como un delincuente en acción a plena luz y en colaboración con un perfecto desconocido. No supe cuántas cuadras caminamos para acercarnos a la capilla velatoria, pero me llegó como caída del cielo una gran idea, volteé a mi lado para decirle a mi colega finito para hacerle saber qué se me había ocurrido.
- ¿Y sí sugiero hacer algunas letanías religiosas con los ojos cerrados a los presentes?, para que puedas arrancar con menos presión el anillo.
Terminada de enunciar mi sugerencia sólo pude notar con asombro que el mesero que me había invitado y que caminaba a mi lado, ya no era el sino ella, y una mujer hermosa.
- Ah, disculpa. Había omitido decirte que tengo una extraña cualidad de transformarme de hombre a mujer a voluntad a cualquier hora del día. Dijo despreocupada mientras terminaba de introducir los aretes en su oreja izquierda.
- Pero, ¿qué está pasando aquí?. No podía dejar de estar asombrado, estaba incluso asustado desmesuradamente ante la metamorfosis que se hizo a mi lado y que no pude presenciar y mucho menos entender.
- Verás (dijo) a la perra que vamos a arrebatar la sortija, es una expretendiente con la que me pensaba casar. Es la heredera de la fortuna Hanson, y nos conocimos el año pasado en una fiesta aburridísima que me tocó meserear, se puede decir que fue amor a primera vista y yo, harta de trabajar de mesera, bueno como hombre soy un fracaso, decidí hacerme de fortuna usando mis conocimientos profundos sobre la mujer, y como hombre que soy la mareé con una labia mesurada que a toda mujer nos gusta oír. Lamentablemente, esta dualidad de vida que llevo me hizo envidiarla tanto, que la asesiné ayer poniéndole arsénico espumoso en su bebida… no me podía enamorar de alguien menos bella (aunque infinitamente millonaria) que yo; estoy enamorada de mi parte de hombre, y como mujer no puedo contener mis celos.
Caminamos unas tres cuadras más y llegamos a la funeraria, entramos directamente a la capilla donde los familiares sufrían en alaridos de lamentos con tiples altos y maquillaje corrido. Fingimos la seriedad correspondiente a la atmósfera y nos acercamos al féretro con el cuerpo depositado. En efecto, la ocupante del ataúd era menos bella que mi acompañante y pude notar, a su vez, que el veneno empleado en su homicidio fue lo suficientemente fuerte al cometido por que logró que se auto cercenara parte de la cara con las uñas de sus manos al darse cuenta de su notoria muerte en proceso. No pude evitar sentir pena por ella y me remordía mi presencia sin haber efectuado el atraco aún. Nos sentamos en la primera fila y encogido en hombros me puse a pensar el por qué estaba ahí. No conocía a este extraño ser, me pedía colaborar como cómplice en un delito sin precedentes y más aún no dejarme ver recompensado.
- Acércate conmigo, me abrazas y me cubres lo suficiente para poder mutilarle el dedo, ésa joya debe ser mía, me costó una fortuna y me robé como hombre para olvidarme de mi como mujer. Susurró.
Hice lo que ordenó con un nerviosismo que me hizo sudar, sentía como tiritaban mis piernas del estrés. Nos acercamos, le abracé y sacó con una agilidad la navaja, y como carnicero separó en un movimiento el anular de la mano llevándose el anillo aun abrazado al dedo a la bolsa del pantalón junto a la navaja. Fingimos unos llantos y encorvados en nuestra actuación salimos del lugar.
- Los diamantes, son los mejores amigos de la mujer, no cabe duda. Dije retirando el sudor de mi frente con la manga de mi camisa.
Rió discreta la/el mesero y volteó triunfante a mi aclarando:
- “No es una sortija de diamante, sino que esta piedra que parece alabastro níveo, es la piedra renal extraída del amante con quien quería casarme para olvidarme de mi yo hombre“…

Preferí no responder, nos despedimos pasándonos los teléfonos “por si le aceptaba un café el fin de semana entrante con ella” y nos separamos.
Al día siguiente pasé al restaurante donde trabajaba ella como el, y pude notar que no se encontraba trabajando. No quise averiguar qué había pasado con el y nunca llamé a ella.



¿Te cuesta trabajo para levantarte?
Junio 20, 2007, 10:30 pm
Archivado en: De naco, a dios Baco., Licuados fetales., Pañalera.

Hoy fue uno de esos días en los que poder incorporarse para asistir al trabajo, se vuelve una verdadera tortura. Tras el acumulamiento de desvelos laborales que aunados con los desvelos de excesos juveniles(¿?) del fin de semana y tener que desmañanarse apropiadamente para poder efectuar los menesteres del aseo personal y no llegar oliendo a pedo de cama, o la impresión de haber comido una dona glaseada y en la mejilla proyectar un camino níveo logrado por la sequía de la saliva nocturna.
Salí del trabajo ayer a una hora que no podría presumir de ser temprano, ése término lo disfruto a mí modo cuando o una de dos, o tengo una invitación al placer de la fermentación de los azúcares de la cebada y la uva; o que de perdida esté en ocaso el sol. Pero ninguna de éstas se dio, sino, todo lo contrario, había lluvia, eran las 10 de la noche (ante ayer salimos a la 1:50 am) y mi amiba me exigía el pan de cada día. Simplemente me desplomé y no pude cenar de lo cansado que estaba.
Hoy como cangrejo ermitaño desperté dentro del edredón y las sábanas rosadas después de un letargo fantástico donde fui protagonista a un lado de Paula Abdul y Milla Jovovich en una aventura absurda de sables y dinamitas. La alarma despertador ejecutó su labor con un volumen tan inquisidor como abyecto “levántate güevón, levántate” se podía traducir el ring ring de su monotónica voz. No podía siquiera extender el brazo para callarle… cuando de pronto por la ventana llegaba un sonido mágico que me despertó. No pude entender el resultado mágico que me llenó de vitalidad, simplemente me despertó:

¿Aplica igual si vivo en la Roma Norte?



Living… la vida loca.
Junio 19, 2007, 3:31 am
Archivado en: Amargosidades., Historias de chachas, Pañalera.

Con poco tiempo que he tenido en estos días de inciertas, pero ahuevo lluvias por la tarde, cometo el error como Alicia Villareal de tropezar nuevamente y con la misma piedra, de cada vez que saliendo de mi casa me convenzo de que no lloverá y que no hay necesidad de cargar algo que me cubra de las malignas gotas ácidas y los fríos encorvadores (¿cabrá resaltar públicamente lo friolento que soy? igual y sí, así sabrán que me deben abrazar… mamados apúntensennnn) siempre, pero siempre llueve. Soy como cuando los weyes mandan a lavar su carro en tiempo de lluvias.
Hoy pasó entonces, sólo traigo una camisa, abajo camiseta y un suéter de escuela de gobierno en lo mínimo abrigaderos; no quiere decir que no traiga nada más, pero he de imaginar que es de acervo lógico concluir que si traigo vestido mi torso, de la misma manera estaría, del ombligo para abajo (y más después de haber confesado mi poco aguante al los vientos menores a los 20 grados centígrados).
Lo importante a todo esto fue que me quise otorgar unos minutos para poder escribir algodón de azúcar.
El fin de semana, tuvimos una idea que en principio sonaba sensacional, pero en resultado no lo fue tanto. Cayendo sobre nuestras cabezas un cono de luz, se nos ocurrió asistir al renombrado (y re-caro) Living. Un lugar que puede recaudar bastantes aberrantes que en conjunto amalgámico, se convierte en el juanete autónomo de la maldad; dicho conjunto se forma de a) música punchis punchis de un lado y pop paulinothaliesco del otro, b) homosexuales de pose que se sienten la piedra del riñón que hizo sangrar el miembro de Dios, c) un cover carísimo sin bebida incluida y bebidas que por lo caro, impiden el alcoholizase.
Fuimos (ya prometimos nunca más ir) y temo que sí me divertí muy a fuerza, por que lo odié, pero me autoconvenzo diciéndome a mis adentros, que una vez al año… está gacho el engaño.
En este preciso instante se me podría juzgar de codo, o de pobretón, que para el caso pese a que pudiera sonar igual de miserable, yo más bien le doy vuelta a la tortilla pensando que dejé verme cual mártir bautismal y mi cabeza pudo tenerla Herodías por chantaje a Salomé en bandeja de plata. Se oyó cantar el gallo tres veces (o gracias al gallo cantaban tres veces los asistentes) y negué el reconocimiento a mi cartera jesucrista y permití su crucifixión… la cual resucitará a la tercer quincena…
No soy amargoso ni codo en cuanto a la diversión con mis amigos se refiere, de hecho nunca escatimo; pero amanecí con la cruda moral de haber gastado en un lugar que no me cagó la madre, lo siento chicos nais-güanaví, pero no les compro su medio de entretenimiento.



La vigilante.
Junio 15, 2007, 11:38 pm
Archivado en: Retazos de letras.

Me sorprendía sobremanera que mi compañera de a lado izquierdo, con la cual nunca hablaba, siempre tuviera una sonrisa en su faz. ¿Era una persona verdaderamente feliz?. No contuve más mi curiosidad, me armé de valor y empecé a formular mis primeras palabras con ella.
- ¿Y cuánto tiempo tienes trabajando en esta empresa? pregunté con semblante dubitativo.
- Déjame hacer memoria, entré unos días antes que tu.
No se me ocurrió nada más y devolviéndole una leve sonrisa, regresé a mis labores.

Pasaron unos días para seguir la escuálida conversación. Su semblante, radiante como siempre, llevaba trazada una sonrisa.
- ¿Qué labor es la que ejerces aquí? pregunté con poco interés en la respuesta, sino, por el afán interrogatorio que me había propuesto con ella.
- Vigilo el orden. Respondió arqueando la ceja derecha. Segura y sin fanfarronear siguió su discurso. Trabajo gratis, lo hago por puro gusto; vengo de una familia muy rica, gusto de los platillos a medio cocción, mi color favorito es el naranja y siempre he pensado que las moscas son las verdaderas mejores amistades de la humanidad.
- ¿Qué edad tienes? fue lo único que atiné a preguntar.
- Seiscientos sesenta y seis. Terminó con una breve risa.
Inmediatamente concluí que un hombre jamás debe preguntarle la edad a una dama y tomé con gracia la respuesta y continuamos nuestras labores; élla en su custodia y yo con mi archivo interminable de documentos.

La mañana siguiente, la dama de la sonrisa llegó notoriamente desarreglada, como si no hubiese dormido bien o como si hubiera trasnochado. Su ropa estaba arrugada, sus cabellos no venían recogidos como de costumbre y en los ojos dejaba en claro la falta de una almohada por lo rojizo de éstos. Sin embargo, su arribo más que pasar advertido, fue invisible para los demás. Sólo yo había notado su presencia y no sólo por ocupar el espacio a mi izquierda.

- Buenos días. Ofrecí éstas palabras al llegar mi compañera.
- Si vienen preguntando por mí unos hombres de sotana negra, tu no me conoces y no des referencias mías.
Para mi extrañeza, pensé, no sería difícil no proporcionar datos suyos, realmente no le conocía. Ni el nombre, sólo su edad jocosa y antievangélica, su color favorito (dato nada revelador), su amnistía laboral, su supuesto abolengo monetario… y la desagradable idea de las moscas como amistad de la humanidad.
- Muy bien (respondí) prometo no decir nada, pero ¿ha ocurrido algo?.
No respondió y levantándose se alejó en dirección del baño.

No regresó en todo el día a su lugar, me extrañó pero no me preocupó, la mujer necesitaba descansar. Minutos antes de que terminara la jornada laboral, a manera de susurro oigo mi nombre. Volteé hacía el origen sonoro de mi proclamación, y seguí instintivamente el cuchicheo hasta llegar a la bodega del edificio. Lóbrega, poco iluminada y tétrica. Abrí la puerta de ingreso al lugar y una peste nauseabunda salió acompañada de una brisa templada, que me irritó inmediatamente los ojos. Seguía la voz, no sentía temor, sino, ganas de devolver los alimentos, improvisé un cubre bocas con la manga de mi camisa y seguí la indagación de la habitación.
Sólo podía preguntarme quién podría ser el encargado de tal chiquero, para acusarle sin piedad, ya que parecía una cámara de torturas.
Para mi sorpresa, me topé con un especie de altar donde desnuda, se encontraba mi compañera de la sonrisa bañada en sangre. Mi horror no fue verla abierta del vientre y que salieran de ésta herida los intestinos y los gases pestilentes del homicidio, sino, fue encontrarla aún con vida y disfrutando con peculiar morbo su postura y posible muerte en instantes. Me acerqué a ver qué podía hacer para ayudarla.

- Seiscientos sesenta y seis… exhaló y sonrió como mutis final.
La voz que me llevó hasta el sacrificio que pensaba era de la occisa, se reveló saliendo un hombre en sotana negra con una daga en mano y un rosario hecho de huesos pulidos en la otra.

- Gracias a ti, dimos con esta perra. Ahora podremos salir del edificio.
Manadas de individuos con la misma vestimenta fueron materializándose de las partes mutiladas de la bodega, la pestilencia fue disolviéndose.
- Pero, ¿cómo?, no podía dejar de tener aspecto bobalicón en mi rostro, tras ver el espectáculo.
- Lo malo de un vigilante del orden, es que nunca vigila su seguridad.

Días después, desperté con una alegría descomunal, sólo podía pensar en una cifra: seiscientos sesenta y siete.
Llegando a la oficina se me acerca una hermosa mujer.
- ¿Y cuánto tiempo tienes trabajando en esta empresa? preguntó con semblante dubitativo.
- Déjame hacer memoria, entré unos días antes que tu.



No me odien por ser bonito.
Junio 15, 2007, 7:07 pm
Archivado en: De naco, a dios Baco., Eyaculaciones precoces., Pañalera.

Debo compensarles, ahora que esta ha sido la semana de nivelación laboral (osea una verdadera chinga), nuevas responsabilidades, nuevos compañeros de trabajos y desde luego menos tiempo para mi, menos vida social, menos sueño, menos blog…
Argumentando a mi corazón, espero no se repita una semana así y listo. Pero ¿es posible que dicha situación me amargue más? para nada, simplemente llevar en vida una terapia ocupacional al grado máximo como este, me hace pensar que ahora sí estoy desquitando el sueldo como si fuera excavador petrolero.

Estoy a escondidas, nadie me ve. Hago cara como si estuviera redactando un racional sobre las imágenes que he tratado para una campaña que lleva a Michelín y su mascota ésa, gordito como lleno de lonjas adecuadamente representadas por llantas; entonces, ahora, soy un verdadero argumentador de los visuales que competen a mi célula de trabajo. jojo

Camaleónicamente, he mimetizado en el tapiz de mi asiento. Sólo se oyen las teclas cual pianola y nadie extraña mi ausencia. “¿No estaba peloteando una campaña con Mariana?”; “a de estar en el baño, ¿qué no?“… No señores, estoy tal cual en mi lugar, oyendo Kudu y redactando esta pésima justificación de mi ausencia bloguera, que llena de vacío mi corazón. Pero como en vida no tendré hijos post-preñación en alguna mujer que me entregase su jugo virginal y abriera su bistec fogoso a mi; es entonces cuando tengo, por convicción, el gusto de darle vida a mis estupideces y bautizarles cual sacerdote pederasta, a mis niños que llegaran a pulular de fértiles espermatozoos.
Prometo, prometo escribirles. No me odien por ser bonito.

Próximamente estaré en sus lechos cálidos de pasión reproductoria.