El Huarachito del minibusero.


Living… la vida loca.
Junio 19, 2007, 3:31 am
Archivado en: Amargosidades., Historias de chachas, Pañalera.

Con poco tiempo que he tenido en estos días de inciertas, pero ahuevo lluvias por la tarde, cometo el error como Alicia Villareal de tropezar nuevamente y con la misma piedra, de cada vez que saliendo de mi casa me convenzo de que no lloverá y que no hay necesidad de cargar algo que me cubra de las malignas gotas ácidas y los fríos encorvadores (¿cabrá resaltar públicamente lo friolento que soy? igual y sí, así sabrán que me deben abrazar… mamados apúntensennnn) siempre, pero siempre llueve. Soy como cuando los weyes mandan a lavar su carro en tiempo de lluvias.
Hoy pasó entonces, sólo traigo una camisa, abajo camiseta y un suéter de escuela de gobierno en lo mínimo abrigaderos; no quiere decir que no traiga nada más, pero he de imaginar que es de acervo lógico concluir que si traigo vestido mi torso, de la misma manera estaría, del ombligo para abajo (y más después de haber confesado mi poco aguante al los vientos menores a los 20 grados centígrados).
Lo importante a todo esto fue que me quise otorgar unos minutos para poder escribir algodón de azúcar.
El fin de semana, tuvimos una idea que en principio sonaba sensacional, pero en resultado no lo fue tanto. Cayendo sobre nuestras cabezas un cono de luz, se nos ocurrió asistir al renombrado (y re-caro) Living. Un lugar que puede recaudar bastantes aberrantes que en conjunto amalgámico, se convierte en el juanete autónomo de la maldad; dicho conjunto se forma de a) música punchis punchis de un lado y pop paulinothaliesco del otro, b) homosexuales de pose que se sienten la piedra del riñón que hizo sangrar el miembro de Dios, c) un cover carísimo sin bebida incluida y bebidas que por lo caro, impiden el alcoholizase.
Fuimos (ya prometimos nunca más ir) y temo que sí me divertí muy a fuerza, por que lo odié, pero me autoconvenzo diciéndome a mis adentros, que una vez al año… está gacho el engaño.
En este preciso instante se me podría juzgar de codo, o de pobretón, que para el caso pese a que pudiera sonar igual de miserable, yo más bien le doy vuelta a la tortilla pensando que dejé verme cual mártir bautismal y mi cabeza pudo tenerla Herodías por chantaje a Salomé en bandeja de plata. Se oyó cantar el gallo tres veces (o gracias al gallo cantaban tres veces los asistentes) y negué el reconocimiento a mi cartera jesucrista y permití su crucifixión… la cual resucitará a la tercer quincena…
No soy amargoso ni codo en cuanto a la diversión con mis amigos se refiere, de hecho nunca escatimo; pero amanecí con la cruda moral de haber gastado en un lugar que no me cagó la madre, lo siento chicos nais-güanaví, pero no les compro su medio de entretenimiento.


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