El Huarachito del minibusero.


Los diálogos del sueño.
Junio 27, 2007, 12:01 am
Archivado en: Historias de chachas, Pañalera.

Me encontraba en el camión, cabeceando por culpa del tráfico en Reforma. Necesitaba una distracción que me hiciera despertar del letargo que me aplastaba la visión y que sólo me dejaba ver grisáceo por el entrelazado de mis pestañas. Dentro de la unidad del transporte sólo de fondo lográbamos escuchar la estación de radio favorita del chofer en la que pasando unos segundos de canción de antaño, la víctima participante debía adivinarla en tres intentos, de lo contrario perdía el acumulado premio consistente en una plancha, una escoba, una estufa sin horno, un abanico eléctrico y lana en efectivola muy pendeja perdió, y yo estaba cada vez más hundido en la seducción térmica de los pedos de los pasajeros y Morfeo.
Ya hasta empezaba a tener oleadas de mini sueños, empezando que tras la búsqueda de un dragón, terminaba optando por comprar un póster de Diana Bracho… medio abría los ojos y seguía el camión en el mismo lugar, si acaso había avanzado unos 3 metros. El Neto me enseñaba su colección de boas selváticas y sus nuevos trucos aprendidos de esa mañana, “mira, ahora saben sumar y entre todas escriben la respuesta usando su cuerpo para dibujar el número; yo simplemente les grito la adición y éllas contestan: ¡5+7!” y las boas empezaban a formar la cifra numérica arrastrándose lentamente… volví a abrir los ojos y para mi desgracia una cuadra y media había sido el desplazamiento, notaba que el peatón lograba caminar más rápido que nosotros los burgueses del camión Km13 y definitivamente respiraban smog mañanero y no la torta de queso de puerco mezclada con perfumes Avón que lograba penetrar mis fosas nasales como jeringa de vacuna al brazo de un niño de 6 años. Doloroso pero imprescindible. Ahora me encontraba caminando en un desierto arrastrando del talón una cadena que en su extremo no atado al mío, llevaba una gran esfera de metal que me hacía imposible el avanzar con fluidez, gritaba pero no tenía respuesta, hasta que llegó una grulla plateada que me pedía indicaciones para llegar al mar, furibundo yo le reclamaba por qué mejor no se ofrecía a traerme una botella llena de agua, “pues sólo traigo este martini, y si no llego al mar se calentará y a Carlitos Espejel le gusta su bebida fría…
Cuasi desperté y la gran distancia era kilométrica para un caracol panteonero, pero a ojos de un humano se podía calcular a 100 metros. Desesperé y preferí poner una pausa a lo que venía oyendo en mis audífonos para lograr chismorrear una conversación entre mis dos queridas gordas sentadas frente a mi.

Gorda A: A algunos hombres que te conocen de vista, les gusta mucho como te vistes, pero tienes que ser menos exigente con los que te consigo.
Gorda B: Todos los hombres son unos imbéciles, siempre voltean a ver a las larguchonas y delgadas que se andan pirujeando cuando salgo con alguien.
Gorda A: Pues sí, pero por éso, tienes que dejarte ver más astuta. No hay wey que se resista a un agarrón de huevos.
Gorda B: ¿Pero y si no quiero coger?
Gorda A: Pues qué pendeja reina, por que no estás muy exquisita que digamos.
Gorda B: El día que estés flaca como un fideo, me lo vuelves a recordar.
Gorda A: A ver ¿quieres o no coger?
Gorda B: Quiero un novio…
Gorda A: Uta…

La reconstrucción del diálogo es lo más fidedigna que digamos, por que en verdad seguía jeteándome, pero en esencia es lo que dijeron.
Llegué a mi destino y creo que terminé concluyendo que necesito ser amigo de la gorda A


Aún no hay comentarios por mucho
Deja un comentario



Deja un comentario
Línea y párrafo se rompe automáticamente, direcciones email nunca se muestran, permitido: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <pre> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>