Ayer tuve una pesadilla que me hizo levantarme con bastante angustia, de esas veces en las que apenas despiertas y te percatas que tu cama está humedecida por sudor y acobijarte, te provoca más frío del que puedes eliminar dentro del edredón.
Soñé que mi padre había planeado la destrucción del mundo con una bomba nuclear, y mis hermanas y yo íbamos a ser partícipes del suceso destructor cada uno alternando una función maligna, Paola iba a ser quien activara el switch que detonara la bomba, Clarisa por su parte iba a ser la que dejara caer de una gigantesca grúa el arma de destrucción en cadena y yo iba a encargarme de la logística de hacerle saber a ambas partes a qué hora hacer cada una de sus encomiendas.
Se erigió una gran estructura que fungía de trampolín para dejar caer en su momento, una especie de cartucho de mágnum, un carrete de varios misiles rojos que tendrían rotulada una leyenda publicitaria que leyera a lo largo “Siempre Coca-Cola” (imagino fueron los patrocinadores del fin del mundo en mi sueño) y se ubicara en medio de la calle donde crecí, afuera de la casa de mis padres y todo lucía viejo, sereno y como siempre, lleno de perros callejeros.
Todo estaba listo, de la manera más cómoda y cercanos a la estructura de metal, Clarisa y yo estábamos comunicándonos con Paola por radio y alistando todo para el éxito de la misión encomendada por nuestro progenitor quien se acerca a nosotros y nos indica en cuenta regresiva el tiempo para la ejecución, 5… 4… 3… 2… 1… click y se abre la gran tenaza que sostenía el cartucho de misiles que en cámara lenta caían, hasta tocar suelo.
Al impacto contra el suelo simplemente tronaron como botellas de cristal y dejaron escapar un gas verdoso que iba rápidamente expandiéndose sobre el paisaje. Simplemente sabía que era el momento de activar la segunda fase del proyecto y con la mirada le hice saber a mi hermana que empezara a correr mientras por el radio gritaba imperativamente la activación del detonante para que empezara flamear el gas, “¡ahora, ahora!“.
Seguíamos corriendo despavoridos, yo volteé para atrás y pude ver como una especie de chispa hizo que se empezara la combustión ha convertirse en llamaradas que no tardaron en abrazar a mi padre, mientras mi hermana y yo seguíamos corriendo, dejé de voltear hacia atrás y miraba sólo hacia al frente y al piso de pronto para poder ver por donde iba pisando y como las llamas iban alcanzándonos y derritiendo las suelas del calzado, ya sabía que Paola también había sido alcanzada por las llamas, por que se encontraba en la azotea de la que había sido nuestra casa de la niñez y de reojo podía sentir la silueta de mi otra hermana a la que de pronto le escuché un grito seco y de derrota, que me indicara su claudicación ante la vida y yo, no podía dejar de correr, cada vez más cansado y con menos intención de salvarme, me dejé caer y sentí como el calor recorrió velozmente mis piernas y en ese momento desperté.
Angustiado quedé unas dos horas despierto y tratando de analizar por qué había soñado tal cosa, de pronto me quedé pensando: ¿y si me pasara algo mortal?… ¡tengo que besuquearme de perdida!

1 comentario por mucho
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Quihubo, hace rato me topé con tu bló, en la converdsación del metro, reí
Andaré leyéndote, pues.
Beso
Comment por Ara Octubre 31, 2009 @ 1:38 am