El Huarachito del minibusero.


Mi chat terminó en chatarra.

El chat es el mejor medio de la humanidad mitómana, ¡viva!

Jojo primero, odié el nombre de este post, pero después de comer 3 quesadillas de sesos, una gordita especia y un taquito de surtida, pues el sueño puede ganarle a cualquiera y las ideas se ven bloqueadas por el exceso de colesterol y cadenas de lípidos saturadas circulando por mi organismo. Mas sin embargo, sigo conservando el botón del pantalón en mi lugar y no ha botado hacia ninguna dirección con un mortal descalabre como destino.
Resulta que ayer, saliendo a una hora decente del trabajo (presumo, había aún luz solar) que llego a mis rumbos de vivienda y me empiezo a decir a mi mismo: mi mismo, hace años que no entras al chat para hacer uso de tus redacciones macuarras y ligotearte a algún caliente usuario de la red. Pues armándome de ego y jocosidad, que voy a un cyber y que ocupo un ordenador lentísimo, y que tecleo el www de una página de ésas para el desfogue de calenturas y pues ingenuamente esperaba encontrar un titipuchal de mails en espera de mi lectura… ¡nada! Asombrado por la ausencia, continué dentro del sitio para checar el listado de cyberfogosos y hacer uso de mi selección natural y ver con cuál lograba tener algún intento de conversación.
A la fecha, ni por medios electrónicos tengo suerte en el ligue, por que siempre peco de falta de adecuación a la situación (dicho de otra forma: soy pésimo para coquetear). El perfil que tengo en el sitio, tiene una leyenda igual de pendeja que todas las cosas que escribo como estos párrafos y pues en verdad ni me describo, ni tengo redactadas mis intensiones y el manejo de mis fotos no son como la mayoría de estos menesteres que terminan siendo close ups de sus miembros erectos o de sus traseros fotochopeados.
Pues que me convenzo después de algunos minutos de invisibilidad, de que al que no escribe, Dios no lo lee y pues empiezo a mandar algunas letras personalizadas a unos cuantos candidatos… ¡nada!
Aún más frustrado que extrañado, pues dejo encendida la página, y me meto a leer y actualizarme en noticias de mails con amigos y familiares. A unos minutos de retirarme del establecimiento, recuerdo por qué tenía años de no meterme al chat… ¡que me llega una contestación! mórbidamente curioso, la leo y comienza algo resumido así:
VÍCITIMA: ¿Qué pedo con tu perfil, ¿en verdad te crees parido por Dios? (mi perfil es una introducción que pensaba usar para este blog, que dice algo así como que soy la venida de Jesucristo jojo)
YO: Nel, la neta es más que una herejía y pensé que se entendería así (de pronto que me cae el veinte) ¿se interpreta como una mamonería de mi parte?
VÍCTIMA: Pues tienes que tomar en cuenta que habremos varios usuarios que creemos en Dios.
YO: Mmm, pues entonces tendré que cambiar de perfil. (entiendo ahora, por qué nadie me contesta nada y mucho menos me mandan a recordar el 10 de mayo) pero, ¿dónde, cómo y cuándo nos conocemos?
VÍCTIMA: Huy, ¿así de rápido? hola ¿cómo te llamas, a qué te dedicas? (odio las preguntas de cajón y que son necesariamente inútiles)
YO: Pues soy Ricardo y me molestan un tanto tener que socializar por mails y prefiero mejor nos conocernos en una especie de cita para tener que improvisar preguntas y cumplir ciertos requerimientos que le exigimos a las personas como caernos bien, ser chistosos y gustarnos ¿no crees?
VÍCTIMA: Mmm, tienes un punto, pues yo soy Esteban y sí me late que nos conozcamos ¿cuándo puedes?
En ese momento me dije a mi mismo: mi mismo, pues parece que todo está resultando muy bien, le invitaré una copa de vino el fin de semana (los cafés son para las amistades o señoras copetudas) y me rasuraré y me pondré mis tennis de la Selección Mexicana que están bien bonitos y haré uso de mis mejores chistes de Pepito y todas esas mamadas que se le ocurren a un adolescente ñoño cuando la morra popular del salón lo saluda por primera vez.
YO: Pues qué te parece nos vemos el sábado a las 7:00pm en…. ¡PLAF! que se va la luz…

Chale… ¿así o más jodida la situación?



Chris Cunningham, fue mi chófer de avión.
Agosto 8, 2007, 12:17 am
Archivado en: De naco, a dios Baco., Historias de chachas

El lunes que regresé de Guadalajara (visita mega express que duró del sábado 8:00pm a lunes 5:00am), y tras haber encontrado un ofertón de avión por AeroCalifornia, pos que me salió lo aristócrata y que mis señores padres me pichan la mitad del vuelo para “llegar a tiempo al trabajo” (ése día llegué tardísimo, por que el aeropuerto está hasta la verga de lejos de donde trabajo y en metro me eché una hora y cacho).
Pues el chiste es que las azafatas, gordas ellas y de muy mala gana se la pasaban regañándonos a sus pasajeros, “no cruce la pierna”, “no use artículos electrónicos”, “no puede comer barras de granola”, “no puede inclinar su asiento ahorita”, “¿no entendió que no puede cruzar la pierna?” y pues el viaje fue infame por que yo iba sentado del lado del ala izquierda y pues como era la hora en la que empezaba a salir el sol, pues se reflejó todo el puto vuelo y quise cerrar la ventanilla y la azafata más gorda (la cual tenía una pañoleta amarrada en el cuello, que hacía de ella verse aún, más gorda jojo) me dijo “no puedes cerrar la ventanilla“.
Pero todo fue tan raro cuando el piloto del vuelo avisándonos de nuestro próximo aterrizaje mientras yo estaba en el baño alcancé a oir: “Buenos días señores, les habla su capitán Chris Cunningham [...] estaremos llegando a la Ciudad de México en unos 20 minutos…” ¿qué qué? simplemente me autoconvencí que había escuchado mal y que fue parte de mi imaginación, agregándole a eso que dentro de la pequeña aula sanitaria, uno puede dedicarle más atención a mis heses y a mi ese, que a esos avisos.
Pero una vez aterrizados y regañados por última vez por nuestras sobrecargos gordas, una de ellas nos dio las gracias a nombre del capitán Chris Cunningham y su tripulación.
Esa vez sí escuché bien… el magnífico director (algunos de mis mejores videos de la historia como All is full of love de Björk, Only you de Portishead o Frozen de Madonna y el inolvidable Come to daddy de Aphex Twin) ¡hizo de mi vuelo un video! estoy seguro que nada más lo musicalizará con de seguro, con el nuevo sencillo de los The Horrors.
Tendré que estar muy al pendiente, ¡a lo mejor eso explica el malhumorismo de las azafatas!

Aunque, existiendo cientos de Juanes Pérez en todo Latinoamérica… ¿podrían haber dos Chris Cunningham?, o de plano ¿habré escuchado mal?



¡SIGO VIVO! (pero en putiza)

Después de un rato de ausencia, por cuestiones que sólo guardaré en mi santo pecho (éso lo diría la Virgen de Guadalupe), que en realidad es por que tengo más trabajo que nunca, me he podido zafar un ratito de mis labores (jojo es que no está mi jefe) y pues les podré actualizar con mi ajetreada vida de novela: Tengo un putero de trabajo.
Y ya.
Pero pues ¿en qué consiste que el trabajo nos absorbe de manera que descuidemos tanto un blog que en esencia es como un hijo, sino soy un padre desnaturalizado? o te ha pasado que de pronto ¿que dejas de regar las plantas?, o peor aún para aquellos que les gusten las mascotas, que olviden de limpiarle las gracias del animal, y permitan el cúmulo de inmundicia de manera que se genere de forma espontánea (como diría Aristóteles) una comunidad de cucarachas y éstas mismas se extingan a causa de tanta popó canina y decidan morir por la paz, depositando en una fosa común de manera ordenada los cadáveres de sus iguales para no hacer más asquerosa la cocina.

Yo lo único que pienso es que entre más trabajo tengo, más deberían pagarme, pero como que en México, ésa ley aplica perfectamente para aquellos que saben tener un colmillo en los enfrentamientos con el jefe y tienen un autoestima tan cabronamente demandante de justicia, que logran, no sólo un sueldo envidiable, sino, un asenso lunar y respeto de sus colegas. En mi caso, sé que soy bueno en lo que hago (jojo me gustaría hacer una entrevista grabada con un prostituto de la Zona Rosa y grabar con zoom ésa parte), pero siempre he tenido un pedo atorado en ese rubro que me causa una peritonitis de recompensa propia.
Me sudan pies, las manos, la espalda, las nalgas, ingle, codos, rodillas, pecho y desde luego… la frente de sólo pensar pedir cierto reajuste a mis ingresos por la calidad de mi trabajo, aquí es cuando, se congelaría la imagen y voltearía a cámara para justificarme: La verdad es que soy tan pinchemente perfeccionista, que me ultra demando tanto las cosas que cualquier detalle que no haya logrado ver por mi parte y lo detecte ver otra persona más, me hace derretir como la bruja ésa de Oz cuando le vierten agua. Aquí es cuando después de mi justificación (que más bien es un pensamiento que no digo ante el jurado, por que inmediatamente me condenarían por darles otra razón más de mi culpabilidad) sigo mi discurso, bueno el pedo es, que ir a hablar de reajustes económicos, me aterra y pienso que me dirán: “estás despedido, eres un vil manatí sin talento y creemos que si la cacería de brujas siguiera en pié, diríamos que tu haces conjuros dentro de círculos de sal y degüellas gallinas blancas“… y ps no, no quiero que me corran diciéndome éso mientras me escupen la cara con un gargajo con coágulos de sangre y migajas de Doraditas Tía Rosa.
Chale

Ahí es cuando el compañero ñoño que trabaja en el área de sistemas, el antisocial, llegaría conmigo y me diría:
- “Entiendo como te sientes, a mi me pasa lo mismo con las mujeres (doble chale para mis adentros) no entiendo por qué me rechazan (mientras dice éso, simplemente voy recorriendo de arriba a abajo como foco de copiadora su imagen, pelo seboso, lentes, gordo y con espinillas que evitó por seguridad rasurar, por lo que quedan algunas barbas sobre su papada; camiseta negra XXL del Señor de los Anillos o SpiderMan 3 fajada y pantalones Dockers con pinzas, tennis de alta tecnología con burbujas de aire amortiguadoras) siempre les sonrío cuando les hago llegar en los reventones (haciendo un tronado de pulgar con el índice y guiñando el ojo izquierdo de forma cool por la palabra) bebidas juveniles como un Caribe, pero pido al mesero se lo sirva en un taza, para que la pueda agarrar con seguridad, y le ponga una sombrillita de papel, y una foto mía con mi teléfono de casa con una leyenda que diga que no me marque después de las 10:20pm por que no quiero que despierte mi madre por que sufre de los nervios.
Es más, ¿tienes planes para este sábado?, ¿te gustaría que nos vayamos a conquistar a unas nenorras?
(repite el tick del ojo y el chasquido de dedos) después de mi noche de Juegos de Roll y nos llevamos a toda la pandilla, que como nos toca esa noche escenario de vampiros contra elfos, nos vestimos de negro…”

Chale, éso acabaré usando.



El baile más feo de Lynda.
Julio 6, 2007, 6:59 pm
Archivado en: De naco, a dios Baco., Güarrez del día., Historias de chachas

¿Te has puesto a pensar en las en las luminarias que dejaron de brillar, por que en realidad nunca fueron luminosas? yo sí, me pongo a imaginar en el qué pensarán éstas personas (que hoy en día viven de vender garnachas fuera de su casa como Lucila Mariscal) llegan a ver alguna grabación en su VHS de lo que hicieron en “su mejor época” y se auto cercenan con una de estas dos sopas: una es cuando observa la proyección, cae en cuenta del ridículo que hacía para ganarse la esperanza de llegar a ser famoso y la segunda sopa, radica en que se aferre a la época y se la crea a tal grado que defienda su look y sienta que tiene la obligación moral de adoctrinar a otros que están empezando su carrera, como es el caso de la mega looser de Mariana Garza haciéndola de juez en el programa este chafa de Televisa de TimbiricheAfter-Dead-Reloaded“.
Pero me puse a hacer una terna de mis tres fracasadas favoritas, que hoy en día si se llegan a ver en cualquiera de sus abortos de videos musicales, les debe dar la peor cruda humana que terminará en depresivos ingeridos con Anís del Miko.
La terna fue:
a) Fey
b) Irán Castillo
c) Lynda…

¿Quieres saber quién ganó?

¿Qué pinche pedo con su baile en esa oficina espacial y ella vestida de repartidora de pollo frito en motocicleta? Nt, nt, nt… ¡qué vergüenza!



Unpesosesentaycincocentavos
Julio 5, 2007, 9:02 pm
Archivado en: Chachografías, Historias de chachas

La cuenta más absurda. Fuimos a comer al Mac Donalds de la pasta, Italiani’s por motivos de despedida a la pequeña Alma (que era en ocasiones, tal cual el alma de la fiesta) y sugirió ir a comer espaguetti. Nos coordinamos, y llegamos un pequeño grupo de personas. Desde un principio, la señal vivida en la entrada, debió ser suficiente, pero la ignoramos como Pedro se hizo pendejo con la crucificada de Jesús y valiéndonos sorbete, ingresamos: “no tenemos mesa… ¡ah! si tenemos la del rincón” una mesa ubicada en las penumbras del restaurante, poco faltó para que nos hubiera acompañado un muerto de 6 días inflado y azul, de comensal.
El mesero que tenía un nombre impronunciable “Nabor“, que me evocó la pieza musical “Libertad” de la ópera de VerdiNabuco” basada en la vida del imperio de Nabuconodonosor II; éste, nos atendía por facetas coleccionables y el servicio era pésimo. Traía los platillos por turnos prolongados e invertía los primeros tiempos por segundos tiempos innovando así, la comida de su local, a lo cual nos dio por perdonarle los esos detalles consecuentes por el hambre que 40 minutos de espera por la primera bebida nos había causado.
Devoramos las manifestaciones culinarias, por que debíamos regresar a la oficina, pedimos la cuenta y otros minutos de ausencia de nuestro querido emperador sucesor de Nabopolasar, no nos liberó de Babilonia, sino todo lo contrario, nos llegó con una tardía ejecución de báucheres que nos hizo llegar tarde a trabajar.
¿La prueba?

El baúcher delator.

P.D. Querido Nabuconodonosor, dedícate a seguir colgando plantas en tus jardines, por que la mesereada no se te da nadita. Atte: tu pueblo oficinista.



Historia en el Metro.

Sucedió que, habiendo salido temprano del trabajo, tenía una empresa en mente: dirigirme al Mixup a comprar la 8va temporada de Seinfield, por lo que acelerando el paso me dirigí velozmente al Metro Auditorio. El clima amenazaba con una lluvia para quedarse en casa y ver como corrían las gotas por el cristal de la ventana. Me sumergí al túnel de concreto y me ubiqué en espera de mi vagón. Había gente. Se dividió en dos el ingreso de la fracción de gusano de metal y saliendo algunos pasajeros, logré entrar.
Ahí estaba, un individuo con audífonos cual Jacobo Zabludowsky, que con cada partitura a tiempo real que llegaba a su cerebro, lo manifestaba en un virtuoso movimiento de manos, simulando el dominio del instrumento musical en juego.
De pronto, parecía que estuviera oyendo una sinfonía de Shubert, o un solo de jazz en piano, para terminar en un estruendoso final de percusiones, lo que me llegó a maravillar, era la misma pasión con la que disfrutaba el intervalo musical como la primera vez que le conocí. Así es, ya me había tocado en alguna ocasión, coincidir mi viaje de regreso con él, con los mismos audífonos y la misma pasión para externar al músico que llevaba dentro ¿o sería un músico?.
Hubo un intercambio de miradas, lo que me dio entender que había notado mi existencia y me permití adjudicarme el concierto para mí y no para el wey que se venía comiendo los mocos con delicada discreción, o la chica que venía llorando (para mi gusto, estaba experimentando una reciente ruptura de noviazgo); la cosa es que sin saber lo que venía oyendo, podía imaginar lo que oía, con la epiléptica interpretación pasional de éste David Helfgott en complejo tecleo del piano de aire caluroso.
Me empezó a dar un cierto dolor de estómago, ése mismo que las mujeres hacen referencia a que un enjambre de mariposas revolotean dentro de su bolsa gástrica como efervescencia de unas sales en agua. Sentía la necesidad de tener que preguntarle cualquier cosa, de hacerme táctil, de hacer eso que nunca hago: dar el primer paso. ¿Qué le iba a preguntar y cómo reaccionaría ante mi presencia? siempre he tenido un pedo con la confianza de sentirme lo suficientemente suficiente para cualquier wey e imagino que acabarán escupiéndome en la cara tras haberme sofocado y caerme al suelo mientras patean mis genitales diciendo: “pinche hígado cirrótico y con mal de Proteo, ¿creíste que te iba a hacer caso, tu tan popó de Woopi Goldberg?” y dando una última patada que me haga expulsar de mi boca una muela con sangre atada a un gemido de moribundo, terminaré en posición fetal mientras la gente transitoria del escenario donde pueda suceder esta recurrente pesadilla, simplemente me usará de tapete para limpiarse las eses fecales de perro y pasarán sobre mí haciéndome crujir las costillas o lo que quede de éllas… Pero ¿qué más daba? tenía que arriesgarme, todos los rechazos que he acumulado en vida no me hacen más fuerte, sino más masoquista.
Llegamos a Tacubaya. El camino para el transborde coincidimos en dirección paralela e íbamos hombro a hombro, ahora venía tocando el piano. Enmudecí y me hice pendejo sacando el iPod y me puse a oír a PJ Harvey:
Tie yourself to me No one else, no
You’re not rid of me
You’re not rid of me
Night and day I breathe
Hah hah ay hey

You’re not rid of me
Yeah you’re not rid of me
Yeah you’re not rid of me
Yeah you’re not rid of me
I beg you my darling
Don’t leave me
I’m hurting…
Pero no pude contra mi imaginación y me en vez de mariposas en el estómago, sólo sentí una parvada de cuervos como me desintegraban a picotasos el estómago y el jugo gástrico se venía campechaneado con mi sangre, haciéndome caminar más lento, y notar así como la velocidad se iba haciendo representativa y me llevaba ahora unos 5 cuerpos de ventaja. Volteaba para atrás buscándome. No podía volver a mi velocidad, toda mi acumulación de pensamientos me pesaban como la piedra al Pípila.
Entramos al vagón, encontré lugar y como siempre, volteé hacia la iconografía de la ruta rosa para contabilizar las ya sabidas estaciones y disimular mi atención. Se sentó en frente mío, quedando el hoyo negro de distancia del pasillo como separador entre nosotros. Pasaban las estaciones y se iba llenando el espacio de tripulantes que se dirigían a sus casas después de una jornada laboral que en sus caras, notaban fue intensa. Yo seguía buscando un pretexto en los dibujitos… en el chapulín de Chapultepec, o en el acueducto de Sevilla, o en la campana de Insurgentes, mi estación.
No me bajé, me tragué toda mi ponzoña y orgullo y mis testículos y mis absurdos temores y me puse una meta: bajar donde el baje y preguntarle “¿qué vienes escuchando?.
Cuahutémoc pasó… y me de pronto me asaltó la idea ¿y si llegamos hasta Pantitlán? qué hueva, ojalá no lleguemos tan lejos, por que no sé en verdad si podré abordarle con mi pregunta planeada y mi acento con el que lo haría para sonar jocoso, informal y natural.
Balderas. Se levantó guardando su libro y salió. Bajé inmediatamente azuzado con el sonido que indica que las puertas cerrarán en segundos. Llevaba unos 3 cuerpos de distancia y poniendo pausa lo alcancé de unos pasos.
Hola, oye pues te digo antes que mi bajada oficial fue Insurgentes, pero como es la segunda vez que te veo, tengo que preguntarte lo siguiente: ¿qué vienes escuchando que interpretas apasionadamente los instrumentos invisibles?Lo había hecho, le había preguntado, le había abordado y estaba poniendo duro el estómago para prever la respuesta en forma de puño que hundiera mi ombligo para hacerlo parecer una espinilla en mi espalda…
-”Jeje, vengo escuchando P_____ J______ ” que sólo pude entender Paul Johnson, de pronto volvió mi imaginación y no logré comprender como este escritor llegara a ser músico. “Y pues como no es tu bajada, ¿quieres te acompañe hasta la que verdaderamente es?
-”¿Tienes algo qué hacer, puedo invitarte a tomar algo?” respondí con esa pregunta.
-”Mmmm, pues vamos“. Había aceptado, y no me había pateado, ni escupido, ni vuelto a patear en el suelo haciendo conocer mi análoga realidad a la popó de Woopi. Tomamos de regreso el metro hacia Insurgentes y empezamos a platicar, luego fuimos al café y seguimos platicando. En algún momento de la plática cafetera le pregunté si no tenía pensado abordarme en algún momento, por que a mi me había costado un huevo y 7 octavas partes del otro.

La verdad no pensé cómo hubieras podido responder, pensé que me golpearías“…



Los diálogos del sueño.
Junio 27, 2007, 12:01 am
Archivado en: Historias de chachas, Pañalera.

Me encontraba en el camión, cabeceando por culpa del tráfico en Reforma. Necesitaba una distracción que me hiciera despertar del letargo que me aplastaba la visión y que sólo me dejaba ver grisáceo por el entrelazado de mis pestañas. Dentro de la unidad del transporte sólo de fondo lográbamos escuchar la estación de radio favorita del chofer en la que pasando unos segundos de canción de antaño, la víctima participante debía adivinarla en tres intentos, de lo contrario perdía el acumulado premio consistente en una plancha, una escoba, una estufa sin horno, un abanico eléctrico y lana en efectivola muy pendeja perdió, y yo estaba cada vez más hundido en la seducción térmica de los pedos de los pasajeros y Morfeo.
Ya hasta empezaba a tener oleadas de mini sueños, empezando que tras la búsqueda de un dragón, terminaba optando por comprar un póster de Diana Bracho… medio abría los ojos y seguía el camión en el mismo lugar, si acaso había avanzado unos 3 metros. El Neto me enseñaba su colección de boas selváticas y sus nuevos trucos aprendidos de esa mañana, “mira, ahora saben sumar y entre todas escriben la respuesta usando su cuerpo para dibujar el número; yo simplemente les grito la adición y éllas contestan: ¡5+7!” y las boas empezaban a formar la cifra numérica arrastrándose lentamente… volví a abrir los ojos y para mi desgracia una cuadra y media había sido el desplazamiento, notaba que el peatón lograba caminar más rápido que nosotros los burgueses del camión Km13 y definitivamente respiraban smog mañanero y no la torta de queso de puerco mezclada con perfumes Avón que lograba penetrar mis fosas nasales como jeringa de vacuna al brazo de un niño de 6 años. Doloroso pero imprescindible. Ahora me encontraba caminando en un desierto arrastrando del talón una cadena que en su extremo no atado al mío, llevaba una gran esfera de metal que me hacía imposible el avanzar con fluidez, gritaba pero no tenía respuesta, hasta que llegó una grulla plateada que me pedía indicaciones para llegar al mar, furibundo yo le reclamaba por qué mejor no se ofrecía a traerme una botella llena de agua, “pues sólo traigo este martini, y si no llego al mar se calentará y a Carlitos Espejel le gusta su bebida fría…
Cuasi desperté y la gran distancia era kilométrica para un caracol panteonero, pero a ojos de un humano se podía calcular a 100 metros. Desesperé y preferí poner una pausa a lo que venía oyendo en mis audífonos para lograr chismorrear una conversación entre mis dos queridas gordas sentadas frente a mi.

Gorda A: A algunos hombres que te conocen de vista, les gusta mucho como te vistes, pero tienes que ser menos exigente con los que te consigo.
Gorda B: Todos los hombres son unos imbéciles, siempre voltean a ver a las larguchonas y delgadas que se andan pirujeando cuando salgo con alguien.
Gorda A: Pues sí, pero por éso, tienes que dejarte ver más astuta. No hay wey que se resista a un agarrón de huevos.
Gorda B: ¿Pero y si no quiero coger?
Gorda A: Pues qué pendeja reina, por que no estás muy exquisita que digamos.
Gorda B: El día que estés flaca como un fideo, me lo vuelves a recordar.
Gorda A: A ver ¿quieres o no coger?
Gorda B: Quiero un novio…
Gorda A: Uta…

La reconstrucción del diálogo es lo más fidedigna que digamos, por que en verdad seguía jeteándome, pero en esencia es lo que dijeron.
Llegué a mi destino y creo que terminé concluyendo que necesito ser amigo de la gorda A



Living… la vida loca.
Junio 19, 2007, 3:31 am
Archivado en: Amargosidades., Historias de chachas, Pañalera.

Con poco tiempo que he tenido en estos días de inciertas, pero ahuevo lluvias por la tarde, cometo el error como Alicia Villareal de tropezar nuevamente y con la misma piedra, de cada vez que saliendo de mi casa me convenzo de que no lloverá y que no hay necesidad de cargar algo que me cubra de las malignas gotas ácidas y los fríos encorvadores (¿cabrá resaltar públicamente lo friolento que soy? igual y sí, así sabrán que me deben abrazar… mamados apúntensennnn) siempre, pero siempre llueve. Soy como cuando los weyes mandan a lavar su carro en tiempo de lluvias.
Hoy pasó entonces, sólo traigo una camisa, abajo camiseta y un suéter de escuela de gobierno en lo mínimo abrigaderos; no quiere decir que no traiga nada más, pero he de imaginar que es de acervo lógico concluir que si traigo vestido mi torso, de la misma manera estaría, del ombligo para abajo (y más después de haber confesado mi poco aguante al los vientos menores a los 20 grados centígrados).
Lo importante a todo esto fue que me quise otorgar unos minutos para poder escribir algodón de azúcar.
El fin de semana, tuvimos una idea que en principio sonaba sensacional, pero en resultado no lo fue tanto. Cayendo sobre nuestras cabezas un cono de luz, se nos ocurrió asistir al renombrado (y re-caro) Living. Un lugar que puede recaudar bastantes aberrantes que en conjunto amalgámico, se convierte en el juanete autónomo de la maldad; dicho conjunto se forma de a) música punchis punchis de un lado y pop paulinothaliesco del otro, b) homosexuales de pose que se sienten la piedra del riñón que hizo sangrar el miembro de Dios, c) un cover carísimo sin bebida incluida y bebidas que por lo caro, impiden el alcoholizase.
Fuimos (ya prometimos nunca más ir) y temo que sí me divertí muy a fuerza, por que lo odié, pero me autoconvenzo diciéndome a mis adentros, que una vez al año… está gacho el engaño.
En este preciso instante se me podría juzgar de codo, o de pobretón, que para el caso pese a que pudiera sonar igual de miserable, yo más bien le doy vuelta a la tortilla pensando que dejé verme cual mártir bautismal y mi cabeza pudo tenerla Herodías por chantaje a Salomé en bandeja de plata. Se oyó cantar el gallo tres veces (o gracias al gallo cantaban tres veces los asistentes) y negué el reconocimiento a mi cartera jesucrista y permití su crucifixión… la cual resucitará a la tercer quincena…
No soy amargoso ni codo en cuanto a la diversión con mis amigos se refiere, de hecho nunca escatimo; pero amanecí con la cruda moral de haber gastado en un lugar que no me cagó la madre, lo siento chicos nais-güanaví, pero no les compro su medio de entretenimiento.



Asalto al corazón.
Junio 8, 2007, 8:02 pm
Archivado en: Historias de chachas, Pañalera.

En vista de que en andado en mega putiza y no he podido dedicarles unas palabras fantásticas que les pueda llenar el alma de felicidad y jocosidad, me he permitido el no asistir a comer, para poder entonces, hacerles merecedores de lo que aguarda mi divino pecho.

Ayer que venía de regreso de los rumbos coyoacanezcos y pues por la hora, ya el tránsito de usuarios, notoriamente, era mínimo y pues tomé un vagón de aquellos que dan a una salida por lo general (los del medio).
Me puse a leer un poco, abarcando dos lugares entre mi mochila y yo, y que de pronto en Viveros, se sube alguien al que no había puesto atención de su ser.
Oigo a grito decir:
¡Este es un asalto!” todos giramos instintivamente la cabeza hacia donde se encontraba el orador como si hubiera gritado “regalo un departamento en Santa Fe al primero que volteé“, yo me asusté realmente.
Agregó casi al instante nuestro acosador:
…a su corazón“, llevándose al pecho izquierdo sus dos manos mugrosas y negras de mugre, adquiriendo una falsa pose infantil y una sonrisa como de perro queriendo tirar una mordida a su dueño.
Total que nos pidió dinero, por que prefería pedirnos a robarnos y la madre. Chafa, su discurso entre una pésima dicción gracias al resistolazo amarillo que debió inhalar a profundidad minutos antes de su aparición a escena y su rapidez de escupimiento de las palabras, hizo un bla, bla, bla real, no le entendí ni madres a muchas cosas que dijo, y cuando se me acercó que me dice que si cooperaba, evidentemente respondí que no (no quería darle) y que insiste por que en el vagón éramos como 5 weyes los que íbamos; que reitero mi respuesta y que persevera en su petición, que la tercera ¿es la vencida? pues que hago de su conocimiento, por si hubiera dubitación en su entendimiento por andar prestándole atención a sus demonios internos igual de drogados que él, una respuesta firme: No. Que me manda a chingar a mi madre.

“Prefiero pedirles, en vez de robarles”, ¿pedirnos? ese hijo de puta, la neta, me hizo ponerme de un humor infame, bajé furibundo, iracundo, maldiciendo en Balderas a mi transborde pidiendo a todo el panteón griego, que no apareciera otro de esos drogadictos de mierda. Subo, y no subió ningún vendedor ni nada. Cuahutémoc, se abren las puertas y no se subió nadie. Uff qué bueno. Logré ver en el otro vagón, por la ventana de la puerta, que iba un wey vestido con sudadera blanca, con un mismo look de drogadicto armando un discurso a los pasajeros y acercaba su mano extendida como patena en la fila de la comunión, a la misma altura para expectar dinero fácil. Uff qué bueno, que no era mi carro.
Bajó del metro y el wey del otro también. Camino hacia la salida y el de blanco, que grita a alguien, que por la dirección sonora, iba atrás de mi: “¿qué wey, ya le paramos de chambear?” y el receptor de su pregunta, en voz en off a mi, le responde, “sí wey, ya me cansé“.

Era el drogadicto que me recordó el 10 de mayo, quien ya estaba cansado de asaltar corazones.



Bebé sol, ya crecidito y ¡más aterrador que nunca!
Mayo 29, 2007, 10:36 pm
Archivado en: De naco, a dios Baco., Historias de chachas

Bueno, no puedo (ni soy) considerarme un cabrón que tenga la autoridad moral necesaria para hablar de política, por lo que ejemplos como éste, son los que me hacen no sentirme tan ajeno de los acontecimientos dentro del mapa social terrestre.
Una de las verdaderas razones por las que me sentí en profundo pánico con el video, no fue el rostro anticrístico del “Yor-vuch“, sino que en la vida real el Bebé sol que sale en el programa de los Teletubbies ha sido una pesadilla recurrente para mi corazón cansado y próspero a paros.
Una vez tuve el siguiente sueño:

Me encontraba yo haciendo la pizca de manzanas en un campo verde, verde muy verde de ésos verdes que se usan para los post-its, estaba acompañado de alguien que no recuerdo, pero me sentía feliz de que fuera yo más eficiente que mi anónima compañía tratándose de que le llevaba una ventaja de como 4 canastones llenas de manzanas. No sé para qué estábamos haciendo la pizca, pero espero que no me salga algún psicólogo psicoanalista que era “por estar tratando de acumular el cariño que nadie me ha querido ofrecer y me compenso con una competencia notoria y desleal ante mis compañeros de trabajo y les humillo, para así llamar la atención de un macho descomunal…” (pero lo dudo jojo).
Entonces seguíamos haciendo la pizca, uniformado yo de traje pero descalzo, que se oyen unas risas malignas, como las típicas de los villanos de Disney en sus películas cuando acaban en soliloquio planear su maldad dentro de su guarida. Dichas risas fueron oscureciendo lontananza precipitadamente y una vez quedado en penumbras el valle, que se me aparece el gato risión con singular angustia y me dice algo así como: “pélate cabrón, que Belcebú está llevando a todos a las más terribles torturas” y que intento correr y que nada, que mis pies estaban inmovilizados con una especie de brea ardiente y ¡que aparece el bebé sol!….
Aaaaarrrrrggggg….

Despierto y ya.
¿Súper chafa no? la verdad es que casi nunca me acuerdo de lo que sueño, sólo algunos como este y de mi mejor sueño con La Virgen de Zapopan como protagonista… pero ése lo contaré después por que es verdaderamente aterrador.